El Comunicado Capitular 2026 funciona como una tomografía de la Congregación y, como tal, ha generado reacciones encontradas. Más allá de opiniones viscerales, conviene analizar algunos puntos con serenidad.
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| Florencio Sánchez, el histriónico, hablando en el Capítulo |
El Capítulo se extendió por más de cinco semanas para un resultado que muchos perciben como tibio y repetitivo. No incluye disposiciones concretas ni aborda temas críticos como las víctimas o las promesas pendientes de capítulos anteriores. Ante esto, los Capitulares argumentan en el mismo texto que de un Capítulo General no deben esperarse solo normas, sino un "discernimiento espiritual"[1].
Narrativa
institucional
Dicho discernimiento es difícil de extraer debido a la excesiva reflexión espiritual que rodea el texto. Esta estructura manifiesta una tensión en el aula: aunque hubo unidad en las diferencias, persiste una falta de madurez para hablar de la verdad sin tapujos
En el
discernimiento espiritual de los Capitulares se nota la influencia de la
fenomenología antropológica de Paul Ricoeur (filósofo francés que busca
entender la realidad a través del significado narrativo que el lenguaje da a
los sucesos de la historia) y de MacIntyre (filósofo británico que busca responder
al deber hacer a través del reconocimiento de la historia). Dice el texto del
Comunicado que partiendo con gratitud de Dios buscan «una lectura común,
honesta y verificable, de la historia reciente, que permita asumir la verdad de
lo vivido y situarnos con mayor realismo en el momento actual» (Num.34).
Tal
propósito es demasiado ambicioso; de hecho, ni el Comunicado ni el Capítulo son
los espacios adecuados para una lectura de la realidad y de la historia; lo
ideal habría sido una comisión interdisciplinar con expertos externos.
La
sección «Esbozo de una lectura bíblica de nuestra historia» carece de
rigor histórico. Es un conjunto de reflexiones que intentan encajar citas
bíblicas en un pasado tortuoso que, aunque de conocimiento común, no se
menciona explícitamente.
Pese
a lo anterior, el Num.36 del Comunicado sí tiene un juicio de la historia que
es quizás el punto más logrado del Capítulo General. Lo dicen del siguiente modo: «(…) se vio afectado fue también el
relato interior que durante décadas dio cohesión, dirección y sentido
compartido a la vida legionaria: un relato que unificaba misión, identidad y
futuro, que ofreció dinamismo apostólico y generó frutos reales, pero que necesitaba
una purificación profunda». Más adelante aclaran que la afectación no fue
un “rasponazo” superficial sino «el colapso de un relato institucional con
consecuencias espirituales, comunitarias y apostólicas» (Num.37).
Al final del párrafo intentan mitigar parte de lo que
acaban de decir. Se nota el “forcejeo” de las comisiones al redactar este texto:
«Esta
realidad marcó de manera decisiva el proceso vivido, sin agotar ni definir por
sí solo toda la historia de la Legión» (Num.36) y al final del
siguiente párrafo «asumir esta verdad no significa reducir la historia de la
Legión a una herida» (Num.37). Aceptan la
verdad, pero inmediatamente tratan de acotar su alcance para más adelante endulzarla
con reflexiones y con espiritualidad.
Vamos por partes… Lo primero, el relato.
Relato es una narración estructurada en la que los
sucesos se representan mediante el lenguaje. El relato no necesariamente es un
texto escrito, sino que puede ser toda una serie de documentos, narraciones,
historias… acta legionis y demás.
Históricamente, el Fundador cuidó meticulosamente esta
narrativa desde 1941, alimentándola con diarios, textos legislativos y una
doctrina centrada exclusivamente en su figura. A diferencia de otros fundadores
cuyo carisma se centraba en una acción social (pobres, enfermos), redención de
cautivos, enseñanza, el carisma aquí era "que él fundara".
Para
1980 el relato estaba bastante estructurado de tal modo que los Capitulares
redactaron en el primer Comunicado Capitular lo siguiente: «Al Fundador
toca, no por méritos propios (…) ser el instrumento auténtico para
manifestar el carisma (…) A los Cofundadores corresponde conocer,
asimilar y transmitir las Constituciones, la doctrina,
el espíritu, la metodología, las genuinas tradiciones, la disciplina y el
estilo de vida de la Legión tal y como ha sido manifestado por el Fundador»
(CCG1980 Num.4 que a
su vez cita una CNP de 1980). Es decir, este relato
establecía que el Fundador era el instrumento auténtico del carisma y los
cofundadores meros transmisores de su voluntad.
Se
ve con claridad cómo las ideas de fondo del relato unifican, dan sentido y
cohesión. Nadie estaba siguiendo a Maciel, se sigue a Cristo Jesús. «El
Señor de la mies y de la viña nos ha escogido como colaboradores, conforme a la
gracia dada a cada uno (1Cor.3,9). Esta elección se nos presenta totalmente
gratuita, imprevista, misteriosa, desproporcionada a nuestras posibilidades»
(CCG1980 Num.5).
El
relato institucional incluía esos dos componentes especiales: Elección divina y
ser cofundador. De este modo, traicionar a la Congregación era traicionar un
especial llamado divino –cohesión, identidad y sentido– a una obra querida
especialmente por Dios –misión, dirección y futuro–.
Por
ello, es incorrecta la afirmación del Comunicado 2026 cuando dice que «los
hechos ligados al Fundador (…) marcó de manera decisiva el proceso
vivido, sin agotar ni definir por sí solo toda la historia de la Legión».
Es incorrecta porque es equívoca pues la Congregación sigue su historia más
allá de la vida de Maciel; sin embargo, la vida del Fundador definía
completamente la vida de la Congregación: Más de sesenta años «(…) de
historia prodigiosa, intensamente concentrada en la persona de Nuestro Padre
Fundador, pero también participada por cada uno de los cofundadores en la
medida de su madurez espiritual y de su generosidad, deben abrirnos los ojos a
la gran realidad y verdad fundamental de nuestra vida: la Legión y el
Movimiento son obra de Dios» (CCG1980
Num.7).
Cuando
el Capítulo General 2026 declara que el relato institucional colapsó está
reconociendo algo más allá de la renuncia institucional a Maciel como en el
Capítulo de 2014 o de las declaraciones sobre el llamado “fundador histórico” del
Capítulo de 2020. Está reconociendo una disociación insostenible entre el
discurso oficial y la realidad de la organización. Está reconociendo el “derrumbe
de la narrativa” porque muchos hechos contradicen de forma sistemática la imagen
que la institución ha proyectado.
En
distintos grupos de opinión (de entre los más recientes: Legioleaks,
Todo Maciel, Life after RC, El Trastévere, Regain Network, etc.) se
ha hecho mención continuamente de “relatos alternativos” que han sido grietas
en el relato institucional. La fuerza de esta “narrativa exterior” ha crecido
conforme se verifican como verdaderos los acontecimientos ocultos al interior y
expuestos en los “relatos alternativos”.
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| Tres cofundadores sucesores de Maciel ante The Head of Christ |
Relato y Carisma
La
idea del “carisma” está profundamente asociada en el relato institucional, no
desde el origen, sino como idea paulatinamente asociada en el tiempo como parte
del “don” de Dios. Y esta mezcla es compleja, porque no es posible negar el
aspecto divino de la vocación, pero a su vez es necesario discernir su
autenticidad. Gracia, bondad y elección de Dios había subrayado el CCG1980. El
bien realizado y las obras existentes están allí y no se han derrumbado. ¿Cuál
es entonces el colapso del relato?
La
obra no se ha derrumbado y la Iglesia decidió no disolverla. Cuando los
Capitulares hablan el colapso del relato interior, están reconociendo que la
Congregación avanzaba apoyada en la idea de la santidad y la inspiración divina
de Marcial Maciel como fundador.
Es
evidente que sí hay un carisma del Espíritu; no sólo lo ha declarado el Sucesor
de Pedro, sino que los buenos frutos están a la vista. Pero el carisma no es
institucional, no es algo transmitido por Maciel… es la acción del Viento que
sopla donde quiere (Jn.3,8) «porque donde
están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»
(Mt.18,20). Es la fecundidad
que Jesús otorga a todo el que cree en Él (Mt.16,16) y actúa en su
nombre. La obra de Maciel (la Congregación, las asociaciones de consagrados y
consagradas) ha sido la ocasión del actuar de Dios, como destacamos en una
reflexión[2] anterior.
Aunque
la narrativa institucional vincula el carisma al relato interno, al reconocer su
colapso queda en evidencia que no existe tal vínculo, pues el carisma del
Espíritu con el que Dios actúa a través y en los miembros de su Iglesia
vinculados a la obra de Maciel no ha colapsado. Por ello en el aula capitular
se ha buscado (consciente o inconscientemente) una alternativa.
Es decir, si la fundación como relato institucional, está
rota porque tenía pies de barro (Dan.2,33), no es posible mirar al origen ni al momento de la
inspiración fundacional para “rehacer” el relato. Ni en la calle de Cotija para
el sacerdocio, ni en la capilla de Veracruz para la fundación, porque ambas historias
no pueden dar cohesión, no pueden inspirar, no dan esperanza ni transmiten
espiritualidad… porque son un cuento embustero que no puede verificarse al
tener como testigo único a un mitómano.
Por tanto, ahora es necesario buscar la cohesión y la
inspiración en aquellos que acompañaron a Maciel. Este giro está dicho muy “quedito”,
casi en voz baja, con sutileza. Pero implica un cambio profundo. Lo mencionan
una única vez en las recomendaciones al nuevo director general, dicen: «Impulsar
el estudio histórico sobre los cofundadores y su papel fundamental en el
desarrollo del carisma, espiritualidad y misión». (Comunicado,
Lectura Bíblica, Num.21 inciso b). Es la única
ocasión que hablan de ello.
En el Capítulo de 1980 se había dicho expresamente que
los cofundadores no eran cimiento, sólo colaboradores del Fundador. Ahora se
busca el papel “fundamental” de los Cofundadores.
Todo lo demás que dice el comunicado sobre la pobreza,
el ejercicio de la autoridad, las relaciones con la Federación, la misión y
hasta el cristocentrismo, todo… pende de este hilo fundamental. No lo dice el Equipo
de Liberabit Veritas, lo reconocen los mismos Capitulares: el relato era cohesión,
dirección y sentido, unificaba misión, identidad y futuro.
No es de extrañarse por tanto que no haya habido
ninguna palabra hacia las víctimas o las personas heridas por la Congregación.
Simplemente, en este momento, no tienen la capacidad.
La tibieza del Comunicado Capitular y los temas
tratados manifiestan una debilidad institucional. Condición que no se había
manifestado en los Capítulos anteriores (ni 2020, ni 2014), aunque ya estaba
presente.
Cuando alguien manotea, ahogándose, difícilmente
presta atención a quien está a su lado, aunque reclame sufrimiento causado.
Para el Capítulo 2026 las víctimas fueron transparentes, más por incapacidad
que por opción.
La debilidad institucional afecta y permea toda la
institución. El impacto más severo será en los ingresos de los próximos años.
Urge
recuperar una narrativa interior que dé identidad y cohesión; para ello recurren
a los cofundadores… «Recoger de forma sistemática su testimonio de vida y la
información histórica conservada en su memoria» (Comunicado, Lectura Bíblica,
Num.21 inciso b).
Y esto, también duele.
Duele
porque los principales depositarios de la memoria histórica son exmiembros. Y recordemos
que la Congregación rechazó dialogar con algunos Cofundadores históricos en el
Capítulo General Extraordinario de 2018.
Duele
porque algunos Cofundadores han sido señalados de complicidad, silencio o
incluso de abusos (no necesariamente sexuales).
La
historia de la obra de Maciel, de la Congregación y de las asociaciones
vinculadas a la Federación, no puede agotarse en la herida que causa el
Fundador… pero sí la determina completamente. Los miembros seguirán
presentándose de punta en blanco; pero sólo aquellos que se han alejado de la
narrativa institucional seguirán redactando la verdad de los hechos y dando
testimonio de la verdad de los acontecimientos. Al final, más que lecturas
bíblicas, lo que prevalecerá será el testimonio de los hechos… porque la Verdad
nos hará libres (Jn.8,32).
Epílogo
Después
de todo, la Congregación hará lo que le venga en gana. Seguirá mermando
pensando medrar. Seguirán atribuyéndose méritos que son de Dios… porque ya lo cantó
Julio Iglesias: “La vida sigue igual”.
[1] «De un
Capítulo General no han de esperarse únicamente disposiciones, sino un
discernimiento espiritual que nos lleve a reconocer qué historia estamos
encarnando hoy como Legión de Cristo (…)» (Num.33)







